viernes, 11 de junio de 2010

Un parado menos

Sin duda esta mañana estaba presintiendo algo, al poco tiempo de ver las noticias en internet, además de varias motos mañaneras. Me dediqué a ojear leyes litigios y sentencias relacionadas con el tema legal que llevo entre manos, desde hace ya casi quince meses.
En ese mismo momento recibo una llamada de telefono, es Amalia, una mujer muy atenta y servicial que trabaja en comisiones obreras. Me llama para decirme que ya hay sentencia del tribunal superior de justicia de Sevilla, referente a mi caso. Han dado el despido como improcedente y le dan la posibilidad de elegir entre reincorporación y despido definitivo con indemnización legal a mi antiguo, y tal vez nuevo jefe. Conociendolo, no me hace falta ser vidente para saber que decidirá.
Me veo de nuevo en la misma empresa, las mismas maquinas, con los mismos jefes y la misma gente. Se ha respirado en mis seres más cercanos un ambiente de sobria alegría, dado el estado actual del mercado de trabajo, mezclado siempre con un poco de decepción, y en mi caso es una sensación de extrañeza, una sensación de vacio y de incompresión al escuchar esas sensaciones de mis más allegados.
He llegado hasta aqui, hasta quince meses después, nueve de los cuales sin cobrar absolutamente nada, solo por un sentimiento que actualmente muy poca gente conoce, es el amor propio. Yo llevaba en esa empresa once años, once años en los cuales nadie puede reprocharme nada, siempre cumpliendo con mi deber e interesandome porque los trabajos saliesen lo mejor posible, pero claro, eso solo lo vé el que quiere verlo.
Cuando recibí el aviso de despido de la empresa, el mundo se me vino abajo, cientos de preguntas invadían mi cabeza, cientos de cavalas en decimas de segundo, complejo de inferioridad e incluso pensamientos de autoinutilidad rodeaban mis afectadas neuronas. Fueron quince días de sopor, quince días de decepción y de rabia contenida. Poco a poco, apagado, afligido y convencido de la nueva situación, hasta que llegó el día.
Preparo una bolsa que tenia en el coche para coger mis cositas personales, quieras que no pasas mucho tiempo en tu sitio de trabajo, no dejo detrás ni mis botas ni mi Virgen del Rocio, que me acompañó allí tanto tiempo, tambien mis boligrafos, rotuladores, libretas, calculadora y demás enseres, poco despues aparece el encargado pidiendome las llaves de las taquillas, haciendo ver que yo, ya no era nadie allí. De allí a lavarme las manos y subir a la oficina.
Debía recoger el finiquito, la liquidación y los papeles para el desempleo. Mi sorpresa, mi gran sorpresa es que la cantidad, era diez mil euros menos de lo legal y el pago seria fraccionado en nueve meses, con pagarés. Allí comunico mi decisión de denunciar y aquella misma tarde me llama el jefe diciendo que ha habido un problema con el despido, que me vaya al día siguiente a trabajar.
¿Pero señor como no va a pasar nada?. Y los quince días tan amargos que yo llevo pasados,¿Ya no hay sentimientos?. ¿Ya no hay corazón?. ¿Donde quedó el amor propio?.
Por esos motivos, además para poder evitar una posible argucia para encontrar una forma de despedirme bastante más barata no acepté y denuncié el caso.
Como con los empresarios no hay nada que hacer, me he pasado quince meses de litigios para volver allí, al sitio donde me despreciaron de esa forma, y allí seguiré trabajando y cumpliendo, mientras mis más allegados continuan contentos porque el chaconi está trabajando, que tiene su mujé y su hija."Casi nadie me entiende".
Soy consciente de que ni soy el primero ni el último que pasa por situaciones parecidas, pero estas las he sentido yo en mis carnes, en todo mi ser. Por eso quería compartirlo con vosotros.

4 comentarios:

Esmeralda Martí dijo...

Enhorabuena por heber conseguido que esta vez, la justicia sea ecuánime.
Eres uno de tantos que han sido despedidos improcedentemente, uno de tantos que ha estado esperando que se resuelva su caso. Me aflige mucho la situación en la que estamos metidos.
Pero hoy estamos para felicitarte y para esperar que se resuelvan casos similares, por justicia.
Me alegro por tí y los tuyos.
Un abrazo

Luisa Arellano dijo...

Te felicito por la vuelta a tu trabajo y entiendo bien la razón por la que lo haces.

En todo este tiempo te he ido cogiendo más y más afecto y he entendido cada uno de esos momentos que has pasado y lo amargos que saben, pero no sería totalmente sincera si no te dijese que se necesita mucho valor para volver al sitio en donde a uno le hicieron de menos, por lo que no deja de ser una alegría con regusto amargo.

Yo viví algo parecido a lo tuyo y elegí mi dinero y no volver. Pero es duro y el sentimiento de culpabilidad que te hacen pillarte no se te va ni con el dinero, ni con el trabajo.

En finnnn, recuperemos la alegría, que es muy grande que tus cosas se solucionen. :)

Un beso muy grande, campeón.

chaconi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
chaconi dijo...

Luisa, no he sido yo quien podía elegir. El juez le dió la posibilidad de elegir al empresario. Un beso y gracias por tu comentario.
Gracias por tu comentario Esmeralda, un abrazo fuerte también para ti.